Deriva


Pudiera ser que un día te durmieras
igual que siempre, igual, después de todos,
pero muerta de sueño te olvidaras
de anclar tu casa, en la noche soledosa,
y como por un descuido, te olvidaras
de revisar el cabo que te amarra a la vida
y te tendieras, desplomada, suicida
y zozobraras 
y en ese plenilunio marino, como un barco
Detrás de ti una estela plateada y navegaras
sin timón, sin rumbo, sin destino
y yo te viera desde mi pequeño arrecife a la distancia
con el dolor de un cormorán herido en la borrasca
espulgándome una humeda soledad entre las plumas
y observara que pasas... pasas... pasas...

y te despeñas...


















Cuando uno se acostrumbra
a que los días se alejen en la polvareda del camino
como potros perdiéndose...
Cuando  sonrío con esa sonrisa de haberlo visto todo,
cuando en mis ojos se despejan todas las borrascas
y queda una tristeza asolvada y silenciosa...
Cuando me voy haciendo viejo más por convencimiento
que por lo que me dicen los relojes del cuerpo...
Cuando  cierro los ojos y me derrumbo solo
en un sueño que no tiene destino ni esperanza...
Cuando ya no espío los ruidos de la noche
sino que estos pasan sobre mi cuerpo diluido
en la charca infinita de la nada...
Cuando me despierto y veo al mundo suspendido
en la punta del tiempo
cuando entre las arrugas de la almohada
descubro dos lágrimas sin razón aparente, desahuciadas,
cuando ando sin dolores del alma o del espíritu,
cuando camino por mi casa con la vida perfecta
y ordenada, sin cuarteadura alguna salvo aquélla nostalgia
que  brota desde adentro como si fuese un moho solitario...
Cuando escucho mis propios pasos arrastrándose
como lentos fantasmas de la noche...
Entonces llegas tú de las Antípodas
y me traes el polvo del camino
y desatas borrascas
y desensolvas tristezas y relojes
y me abres los ojos para buscarme entre los sueños
y te despeñas conmigo tras los ruidos
y cambias la vestimenta de mi almohada
y le pones timón a mis naufragios
y te pierdes conmigo de repente,
y te pierdes
una noche estrellada...

Odios los sitios...

Odio los sitios vacios de ti
donde tu presencia es solo una sonrisa detenida
en la punta del tiempo
me da pereza el mundo
que rueda liso y aburrido
como si siempre fuese un día después de un funeral

Odio los días sin ti
los mastico como pan sin levadura
como masa sin sal

Mi cuerpo es un viejo balandrajo que ondula sin destino
desprendido del ancla que solías ser
desprovisto del timón de tus besos
empeñado por adujar sobre cubierta
tus recuerdos salinos
por eso quizá también odio al mar
con esas ganas de odiar desaliñadas

Amor dormir. Con aquella premura adolescente
guardo los arreos del día, lo estibo desordenadamente
en los entrepaños de la vida,
o los arrojo en el aguamanil de la cordura
para atravesar el río que separa la noche
y oir tu voz tras el chirrido de los goznes
del sueño
para luego verte como si no te hubieses ido para siempre
y entonces, tomados de la mano, correr por la vaguada
como cómplices
en esa huida total y subrepticia.

Era cuestión...




















Era cuestión de echarnos, cada quien en su antípoda, 
sobre su respectiva impavidez,
y observar las Oriónidas rasgar el denso velo de la noche.
Era sólo cosa de entrecerrar los ojos 
y desfallecer nuestras manos, como muertas 
sobre los pechos oprimidos
y adivinar los destellos en el lado oscuro 
de la luna creciente, 
y contener el aliento a duras penas para saltar sin miedo y despeñarse
en ese pozo tachonado de estrellas.
Sólo era cosa de trepar por ese cabo del silencio 
hasta escuchar la música del cielo, 
como una resaca luminosa sobre playas galácticas. 
Era sólo cuestión de buscarnos como tizones cenicientos 
para viajar a al punto sideral de nuestro origen. 
Sólo era cuestión de buscarnos y encontrarnos…

Canción del ave liberada




Verse en esos ojos dos
desde esta orilla del río,
pájaro siempre con frío
es como tenderse al sol
y llenarse de calor
con esa luz y ese brillo.
Siempre viviendo aterido
y hoy morir de tanto ardor.

Ver tus ojos es volar
sin nunca ensayar el vuelo,
es desprenderse del suelo
para el azul alcanzar
y ya en el aire estallar
por tanta dicha y consuelo.
Siempre pretendiendo el cielo
y en el cielo terminar.

Ver tus ojos es mirar
la luz de esta senda oscura,
es lanzarse a la locura
de querérsela beber,
y sentirse estremecer
ante esa gran quemadura.
Antes ciego de amargura
y ahora ciego de placer.

Ver tus ojos es sentir
la libertad anhelada,
dejar la jaula tirada
y por los aires huir,
y si en ese ir y venir
muero cual ave cansada,
más vale morir sin nada
pero en libertad morir.

TE PUEDO ESCUCHAR


«Te puedo escuchar», es una canción de la cantante Anahí, del álbum Mi Delirio (2009)La canción fue producida por Gil Cerezo, Ulises Lozano, Miguel Blas y Anahi. Fue lanzado como sencillo promocional el día 3 de Noviembre del 2009 en iTunes Store México.

AÚN HAY TIEMPO

A mi padre ( y a todos aquéllos a quienes también les dolió este hachazo que la vida nos dio en el mero tronco)

Quizá el video sea pesado; si es así déjalo que se cargue y luego haz click en reproducir de nuevo. Enciende bocinas y a toda pantalla.

PRESENTACION DEL LIBRO "EL RETORNO DE LA HOGUERA" DE OMAR CASTRO



Puedo decir que tengo la ventura de haber vivido, de cierta forma, de algún modo, quizá por nuestra amistad lejana, quiero decir en tiempo y no en distancia, o quizá por compartir el gusto de embadurnar renglones, el proceso éste en el que Omar Castro ha producido sus ocho libros que ahora tiene en su haber de escritor.
El primero en coautoría con él, fue un modesto libro de poemas que titulamos cándidamente: “Este Desierto que llamamos mar” y en el que también participó nuestro amigo Víctor Meza. Los dos siguientes, que describieron el nacimiento y evolución del movimiento democrático del magisterio en nuestro estado, su libro de cuentos “Cuando se seca la Raíz”, su novela “Los últimos Días del General”, su libro de relatos “Pueblo de Madera”; este relato largo que ahora presentamos y uno más, “El vuelo de la Mosca”, cuyo original, después de muchas correcciones se encuentra listo para ingresar a imprenta quién sabe cuándo y quién sabe dónde.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su Vigésima Segunda Edición nos instruye el significado de la palabra hoguera: Fuego hecho al aire libre con materias combustibles que levantan mucha llama.
Para Melquíades Arteaga y Alejo de los Santos, y después con la inclusión de Anselmo Obregón, el combustible inacabable de su conversación son los recuerdos. Recuerdos que fluyen desbordados, recuerdos que fluyen y que avivan la lumbre con la que los ancianos pretenden incendiar una soledad que se les hizo vieja y sempiterna. El tema es lo de menos, el caso es que cada quien, uno detrás de su cigarro y el otro detrás de su taza de café, en el caso de los dos primeros, esquivan la noche que pasa fría y silenciosa, reconstruyendo un época y una sociedad que se les fue perdiendo en la bruma del tiempo.
No es el miedo a la muerte lo que les hace hablar de los muertos de aquél tiempo, de los muertos que también fueron nuestros, porque de alguna manera, cuando lean el libro, ustedes recordarán alguno de los sucesos relatados, sino el miedo a la vida vacía, soledosa, como la que viven muchos de nuestros ancianos de hoy en día.
Omar Castro revive en el relato de los viejos, el pasado pintoresco de una comunidad que conocía a la perfección a sus vivos y a sus muertos y lo superpone a un presente en el que la muerte, la política y hasta el amor perdieron desde hace tiempo su encanto rural y su recatada melancolía.
A la excelente memoria de Omar Castro se une su conocimiento enciclopédico y con tintes de humor y sátira política, va entreverando con un leguaje extraordinariamente natural, fluido y cotidiano, sucesos históricos locales, nacionales e internacionales, y va caracterizando a sus personajes de tal manera que uno puede identificarlos fácilmente.
Es fácil reírse al leer este libro, porque a la solemnidad con que los personajes exponen su visión catastrófica de un futuro repleto de desesperanza, sobreviene la agudeza del chiste, el retobo burlón, la carrilla consuetudinaria que suele aparecer entre amigos de mucho tiempo, y sin embargo, queda en el lector la certidumbre de que nosotros formamos parte de los destinatarios hacia quienes va dirigido el reproche de convivir en una sociedad que se dirige hacia un abismo inevitable.
Se explaya el autor en su crítica férrea hacia los excesos de la religión, de la política, de la pobreza, de la corrupción, de la ignorancia; busca sus orígenes en una sociedad basada en la desigualdad de todo tipo, y propone la vuelta al humanismo y la solidaridad como única solución para la misma sobrevivencia del ser humano.
El madrazo y la imprecación son elementos inocuos de una vejez que sólo pretende replantear un mundo que ellos no desean tal como es, pero que tampoco pueden transformar y que sin embargo, finalmente los alcanza, con una muerte escandalosamente cercana a la realidad que vive nuestro país en estos tiempos, arropados todos en esta hoguera que regresa, cuyos principales materiales incandescentes son la brutalidad y la intolerancia, elementos antes soterrados y ahora abiertos a flor de piel y en llaga viva y que alimentan esta llamarada incontrolable en la que parece perderemos para siempre toda esperanza.
Con la muerte de los tres viejos, muere una parte de nosotros mismos, muere la picardía pueblerina, la frugal existencia apegada a nuestros elementos naturales, la solidaridad de sentirnos parte de la alegría y la desgracia de nuestros semejantes y se enraiza la vida citadina, cosmopolita, si, pero despegada cada vez con más intensidad del humanismo y la naturaleza.

Italo Calvino, escritor italiano nacido en cuba, autor de Ciudades Invisibles y varios cuentos cortos dijo sobre el arte de escribir historias, que éste consiste en saber sacar, de lo poco que se ha comprendido de la vida, todo lo demás, pero acabada la página, se reanuda la vida y uno se da cuenta, entonces, de que lo que se sabía era muy poco.
Nuestras felicitaciones anticipadas para quienes vayan a leer este libro y el reconocimiento a nuestro amigo Omar Castro, para que sigas escribiendo con la recomendación kafkiana de que no sobrestimes lo que has escrito; pues de otro modo se te volvería inalcanzable lo que esperas por escribir.


Me veo cuando a veces veo que me ves
en los espejos de tus ojos que ven cuando nos vemos
y en esa mirada miramos que nos miran
una mujer y un hombre que se quieren
y queriéndose quieren seguir queriendo más
y sobran las caricias pues se acarician solas
esas miradas que son como caricias.
Te quiero y te quiero querer como me quieres
Mirarte, verte, quererte, acariciarte

Llueve


Llueve, igual que siempre llueve,
mas qué importa que el cielo se derrumbe
sobre la línea gris del horizonte.
Llueve con la misma simpleza
de lo que no lastima
con su inocua sustancia el cielo baja
y toca con sus dedos de luz la superficie

Llueve, toda la tarde llueve,
y mañana quizá siga lloviendo
y no tendrá la vida otro remedio
que seguir dando tumbos
por este camino lodoso y empapado.

Llueve y la llovizna lava
el cielo, las almas, las angustias,
lo que debe lavar y para siempre

Llueve, y qué bueno que llueva
y que la lluvia no sea una canción
dentro del alma,
sino simple y sencillamente el agua
que se precipita en cascada a los abismos
inofensiva, anodina, abandonada…

También puedes ver mi blog "El Terreno de la Loma" en: http://elterrenodelaloma.blogspot.com/



En el espacio interior de cada quien, hay un animal que sueña...